sábado, 23 de julio de 2011

Todo el pinche mundo es un carrusel enloquecido que sabe a jugo de mango y vodka.

 
Subimos por más cigarros, cervezas y el skyy que quería la novia de Mau. Pinches tragos culeros que ni empedan, mejor que se compre un sprite, me dijo el gallo, Pues sí, pero ya ves, por lo menos aflojaron más varo y ya de ahí agarramos pa otros fifos no?, le contesté. Mientras subíamos las escaleras del andador para llegar a la avenida y de ahí al oxxo, recibí un mensaje de Ele: que ya estaba en la parada de camión pero no sabía para donde jalar. Ahorita vamos por ti, le respondí. Pasamos por Ele, que venía con alex, sergio y luis, un tipo que chambeaba donde Ele antes de que nos conociéramos. Después de los saludos y las presentaciones de rigor pasamos por la bebidas (los recién llegados compraron una de vodka -que traían de regalo un litro de jugo de mango- y un galón de naranjada), dos cajetillas de cigarros, Delicados por supuesto y un encendedor. Ele tenía algo de hambre y se compro un par de burritos, que me convidó mientras caminábamos de regreso hacia la casa del Mau. No pude más que con la mitad de esa pasta de (disque) frijoles, harina y queso, por lo que el gallo terminó chingándose el sobrante.
Entramos a la casa de Mau y la peda continuaba, muy relax porque los compas de su familia eran más bien tranquilos. Bueno, la neta es que siempre se agradece que no haya malacopas en los festejos. En la esquina del patio que donde estaba nuestro grupito seguían el Mau, su vieja, Giovanni, Julio y el negro, éstos últimos amigos y primo del Mau, algo tímidos al inicio pero que después de servir la segunda ronda del vodka ya andaban debatiendo de fútbol con alex, y sergio: quesque tenían un equipo de fut, que jugaban los sábados y que si le entraban etc. Mientras, Ele, Luis, el gallo y yo conversábamos de música y de las feas rolas que sonaban (la peda era propuesta de los primos mayores del Mau, así que nos tocaba chutarnos a los héroes del silencio, Koda, Caifanes, La Castañeda y, si bien nos iba, algo de Café Tacvba).
Mira, me compré este disco hoy, me dijo Ele,
¿Ònde?, dije yo;
Pues en el chopo, fuimos hace rato en la tarde,¿verdad?, dijo Ele mientras Luis asentía,
Chale y no me invitaste eh, manchada, le reclamé,
Pues nunca vas, me dijo y volteando a ver a Mau… a ver si ahorita lo ponen, no?.
Simón ésa, ahorita lo pongo antes que mis primas se empeden y se pongan necias, le contestó Mau y caminó junto con su morra a la sala donde tenían la música.
Los amigos del negro, alex y sergio ya andaban contando de quesque tal vieja iba conmigo en la escuela y que tal otra andaba con un valedor, a que me chingué a la prima de no sé quien, etc.
El mundo es un pañuelo sí o no, me dijo el Julio,
No ps eso que ni qué wey, le contesté mientras brindábamos.
Terminó la Célula Que Explota y se comenzó a escuchar una rola punk rock de ese de skates. El Mau salió de la salita aquella y nos hizo señas de: ‘ahí’sta tu disco’.
Suena chingón eh, le dije a Ele,
Pues claro. Se lo compré a una bandita que andaba vendiéndolo ahí para hacerse promoción, me contestó.
Le pedí un cigarro al gallo, lo encendí y abrí la siguiente chela; Ele me pidió una para ella y para Luis, y brindamos. Después de dos canciones, como siempre pasa, el género comenzó a aburrir, y como a la mitad de la tercera rola, una de las mareadas primas del Mau, yo creo se hartó, porque se metió a la sala y que pone los clásicos pop de hace diez años. Ya saben, Kabah, OV7 y todo eso. Miré a Ele y levantamos las cejas al mismo tiempo.
Aguanten, al rato ya se meten y ponemos otra vez su disco, nos dijo el Mau.
Lo culero fue que una hora después, el Mau terminó siendo el primero en irse a su cuarto, hasta la madre de pedo, y tuve que acompañarlo para que no fuera a darse en la madre y se despertaran sus jefes. Ele me acompañó para ayudarme a abrir la puerta y ayudar también a la novia de Mau, que tan peda no andaba, pero sí medio mareada y ya durmiéndose. La familia de Mau vivía en la misma casa que sus primos, pero pa llegar a su casa había que bajar unas escaleras, y claramente ambos se hubiesen roto la madre si Ele y yo no los acompañábamos.
Bajamos, atravesamos la pequeña salita y entramos a su cuarto.
Ya si quieren , ahorita yo lo acuesto, les dejo entrecerrada la puerta pero no hagan mucho ruido cuando se vayan a meter para que no se despierten los papás de Mau, nos dijo su novia del Mau.
Ele y yo salimos del cuarto y al atravesar de nuevo sala escuchamos los ronquidos del papá de Mau.
No mames, hasta creen que esos señores se van a despertar por una chingada, le dije a Ele.

II
El negro y sus compas ya casi tenían fichados a sergio y alex pa jugar el próximo sábado. Ya quedaba una tercera parte del pomo de vodka y Luis, el amigo de Ele, estaba bien jetón en su silla. El gallo se había unido a un grupito de los primos de Mau y platicaba de que la mota y que te pone más al tiro en churro que en pipa o no se qué chingaderas. Le pedí otro cigarro,
Aguánchalo eh, ya nomás quedan…uno, dos… cinco wey, y ahorita ya no vamos a subir por más, me dijo
Simón wey, no hay pedo, le contesté.
Ele y yo regresamos a nuestro lugar y seguimos platicando sobre su carnal que iba a ser papá, que si en su casa ya casi no cabían, que lo chido que mañana no trabajamos, que estaba bien pendejo porque me aun no había escuchado a Bad Religion, y ese tipo de cosas.
Mira, ese wey ya anda bien sobres, me dijo Ele señalado hacia el gallo.
Èste cabrón ni tardo ni perezoso ya de manita agarrada con una de las primas del Mau que era de una generación como de diez años antes que la nuestra.
Pinche gallo, nomás esperando a que algo se caiga de la mesa pa chingárselo, dije.
Ele se río y me miró como diciendo “no fueras igual tú wey”, y me pidió otra chela. Ya no había, recién nos habíamos terminado las últimas; pero vodka todavía quedaba, al igual que el litro de juego que venía de regalo.
Le pedí al negro que me pasara el pomo y dos vasos, serví, brindé con Ele
Oye, vamos a meter a tu valedor no?, porque al rato igual ya vamos a andar muy mal y ni nos vamos a acordar, le dije a Ele.
Entonces levanté a Luis y con no poco esfuerzo lo acomodé en un sillón de la sala donde estaba la música. Justo en ese momento entraba el gallo de la mano de la prima del Mau, me miró con pinches ojos de ‘a huevo puto, ya chingué’ y se clavó en un cuarto alejado de toda vista y ruido. Al salir vi que solo quedaban, conscientes, Ele, el negro y alex. Ele me señaló hacia los otros weyes (sergio, Julio y Giovanni) que ya estaban bien jetones también. Nel a esos cabrones yo no los cargo, pensé.
Volví con Ele que ya se andaba sirviendo la siguiente de vodka
Mta madre ya te voy a dar la vuelta, me dijo Ele con ese tonito rompehuevos que le salía tan bien.
Hay veces que, por más que uno quiera moderarse quien sabe de donde saca la pinche valentía o pendejez, como quiera verse y: órale cabrón, de un putazo lo que queda de tu copa; gestos, quemazón de la garganta, pero cámara, sírvanme la otra. Y la otra. Y la otra.

III
Hacía un buen que todos se habían ido a dormir y solo se escuchaba la estática de los cables conectados de la compu al estéreo, listos pa tocar la siguiente rola que jamás llegaría. En el patio, solo las carcajadas ebrias de Ele y mías se escuchaban y a veces uno que otro perro ladrando. En algún momento me pareció escuchar que abrían la puerta que daba hacia la calle, pero como estábamos hasta el fondo del patio, me dio mucha hueva irme a asomar. Apurábamos los últimos tragos que exprimimos a la botella, ya casi involuntariamente y alcancé a rescatar un cigarro que el gallo (creo) había dejado en el cenicero con apenas dos o tres caladas. Fumamos. Eran como las 5 y media de la mañana y ni cuenta nos dimos cómo corrió el tiempo.
Puta madre, ya es bien pinche tarde, ya vamos a jetear, le dije a Ele,
Sí, vámonos, me dijo con una sonrisita bien cagada.
Entré a la sala donde Luis estaba dormido y babeando al lado del negro, sus amigos y nuestros amigos. Apagué la laptop del Mau y el sonido de windows al cerrar sesión me espantó porque el volumen seguía alto. Salí de la sala y cerré la puerta, Ele me me esperaba recargada en la pared y terminando el cigarro que según dejó el gallo. Me acerqué medio tambaleante y me tomó de brazo.
Vamos, pero agárrame por si me caigo, me dijo,
Uta, a buen árbol te arrimas, Ele, contesté.
Rió. Atravesamos el patio hasta llegar a la escalera de la casa de Mau. Por fortuna la luz gris de la madrugada ya nos hacía un poco el paro para bajar, pero aun así, lo hicimos lentamente.
Entramos a la casa con todo el sigilo que la ebriedad nos permitió y Ele me tomó de la mano. Caminamos hacia el cuarto de Mau donde su novia había tendido una colchoneta para que Ele durmiera (Tú te quedas en la sala, me había dicho antes el Mau, porque si me jefa ve que se duermen juntos me va a cagar. Pinches mamadas, pensé cuando me lo dijo, pero ni pedo). Al pasar frente al cuarto de sus papás, nos dimos cuenta que estaba abierto y que la cama estaba perfectamente tendida.
Qué no estaban dormidos?, le pregunté a Ele,
Pues creo que ya se fueron a surtir a la central para su puesto en el tianguis, contestó.
Ah neta; bueno, ahí te ves hija, ya métete.
¿Pero tú donde te vas a dormir?.
Allá en el sillón me dejó el Mau unas cobijas.
No mames.
En serio.
Bueno, hasta mañana.
Sale.
Oye.
Qué pasó.

Sentí de madrazo la boca de Ele estampándose en la mía y alcancé a ver como cerraba los ojos en el proceso. Olía a jugo y alcohol; por fortuna, no mucho a cigarro. ‘Mi boca ha de saber peor’, pensé. Me abrazó al mismo tiempo que le metía velocidad a su beso. Caí en la cuenta que yo seguía ahí, parado como pendejo con la boca apenas entreabierta. Chingue su madre. Abrí la boca mientras de un tirón la levanté de las nalgas y ella me rodeó la cintura con sus piernas. Subió sus manos hasta mi cara y me mordió el labio, caminé hacia atrás hasta entrar en el cuarto de los papás de Mau. Di la media vuelta y nos dejamos caer en la cama. Cama voladora mis huevos: todo el pinche mundo era un carrusel enloquecido que sabía a jugo de mango con vodka. Nos quitamos los zapatos con los pies mientras yo abría el cierre de la sudadera de Ele. Ella seguía entretenida acariciándome el pelo y de vez en cuando daba unos jalones . Yo sentía la bocanada del aire de su risa en mi boca. Acariciaba su ombligo con un dedo mientras ella me quitaba la chamarra. Se dio la vuelta dejándome boca arriba y se terminó de quitar sudadera, blusa y bra, al tiempo que yo me quitaba la playera y la chamarra. De esas veces que apenas con una ojeada una imagen se te clava en el en la memoria: Ele me sonreía desde arriba mientras me acariciaba la barriga y sus dos tetas (algo picudas) brincoteaban por su respiración agitada. Se dejó caer sobre mí y nos pegamos torso con torso mientras le agarraba la teta izquierda con la mano derecha. Mordí su cuello y ella me correspondió masticándome el hombro. Reí. Intenté desabrochar su cinturón pero tengo una mano izquierda bastante pendeja. Ella rió también, mientras ocupaba las dos en abrirme el cinto y el pantalón. La faena continuó furiosa y cogimos como pinches locos poseídos.

La cabeza no paraba de darme vueltas, pero eso extrañamente no me molestaba. No sabría decir si seguía pedo o qué pedo. Los sabores bucales desaparecieron en una mezcla que se volvió insípida aunque agradable y quisimos alargar el momento con otra ronda de besos, aunque más lentos y con menos euforia; nos aburrimos luego luego. Ele me tomó la mano y apretó. Yo le rodeé el cuello con el brazo sin soltarla. Se acomodó sobre mi axila y por un momento pensé que se iba a dormir, pero luego luego se levantó y viéndome a los ojos, me pidió: “No le vayas a decir a tu novia”.

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