Se podría comenzar por echar la pregunta al aire, así nada más para ver quien la contesta. ¿qué no en el fondo todas las relaciones amorosas son prohibidas?, sí: prohibidas, aunque no por una institución religiosa o política, sino por la naturaleza biológica del ser humano mismo. Me explico. Desde desde el punto biológico, si se vive para sobrevivir y perpetuar la especie mediante la reproducción, entonces enrolarnos con miras amorosas con otra persona, opino, resulta de lo más contradictorio para nuestro instinto, ¿no es un tanto ridículo que de los 3 mil millones y pico de posibles parejas (suponiendo hombres y mujeres a partes iguales) que hay en la tierra, reduzcamos a solamente una la posibilidad de generar descendencia?
Será que nacemos en una sociedad que, queramos o no, desde hace tiempo funciona mediante dinámicas para vivir y convivir en sociedad establecidas, y en éstas, por supuesto, entran las relaciones sexuales-amorosas.
En algún momento de la historia alguien sintió dolor, hambre, frío o calor, y tuvo la necesidad imperiosa de comunicarlo, y por tanto, darle nombre a estas sensaciones. Igualmente debió suceder con las reacciones de la química cerebral desatadas por una mirada, una caricia o un beso, a las que había que nombrar de alguna manera y comunicarlas por la enormidad de placer que daban. Y terminaron llamándole ‘amor’ a esa necesidad de cariño que no descubrimos necesaria hasta que nos hace falta.
Debió pasar que alguno de los primeros humanos sufriera la vapuleada emocional del desamor y, en la frustración de ver perdido al ser amado, no tuviera el valor suficiente para intentarlo de nuevo y comenzó a inventarse conceptos del tipo “eres una puta, porque me dejaste”, “eres un culero, te metiste con mi mejor amiga”, “no te importé y me abandonaste”. Vamos, algunos frustrados decidieron incluso prohibirlas en su totalidad, dogmatizaron y reprimieron el instinto, lo que eufemísticamente llamaron votos de castidad.
Reviración
Sin embargo, por muy antinatural que fuesen las relaciones amorosas, no es peor a ningún otro de las “actos contranatura” que el ser humano ha realizado a lo largo de la historia. No se suponía, por ejemplo, que se inventaran artefactos donde dos lentes de aumento unidos por un armazón que aprovecha la situación espacial de la nariz y las orejas en el rostro para apoyarse y así se corrigieran las retinas defectuosas. Acorde con la naturaleza, los seres cuyos ojos no funcionan están condenados a morir por culpa de su defecto.
A morir o a adaptarse, según dijera Darwin, y el ser humano ha resultado ser una maravilla de la adaptación: de ser un mediocamino entre chimpancés, gorilas y orangutanes, ha logrado adaptarse y adaptar a la naturaleza misma a sus necesidades de supervivencia, aunque aún no logra controlar las catastróficas fuerzas de la naturales (tornados, terremotos, huracanes) ha logrado una manera hasta el momento única de vida basada en la inteligencia y las emociones.
Y éstas últimas, a diferencia de la supervivencia, no constituyen un rasgo compartido entre los humanos y las otras especies, y son precisamente las razones principales de que la humanidad haga sus marcas históricas continuamente de formas tan disímiles: creando vacunas para combatir bacterias y transformando los recursos naturales en objetos útiles, como inventando maneras de terminar con la vida cada vez más rápidas y eficientes o llenando de lujo a algunos mientras no se asegura el alimento diario para millones más, como alguna vez refiriera Einstein.
Llegado a este punto, debo declarar que me siento justo como reza la frase de las camisas de once varas. No sé entonces, si realmente existe una justificación del porqué las relaciones prohibidas están prohibidas, ni tampoco si deberían dejar de estarlo. Sólo sé que existen y que no queda certeza de su fin último, que lo que antes se miraba como a una monstruosidad, actualmente se mira distinto, y que así puede pasar con las monstruosidades actuales (que se denominan ahora ‘delitos’) para que dentro de medio siglo cambien y se vuelvan socialmente aceptados.
Lamento decir que no tengo una respuesta certera a la pregunta que tan imprudentemente lancé la aire al inicio de este texto. Creo que desde la biología, resulta perjudicial para el humano someterse a una relación amorosa; pero creo también que derivado de esas otras capacidades del hombre para crear castillos tanto en la tierra como en el aire hay otras amenazas mucho más peligrosas para la vida mismas que, paradójicamente, pueden ser salvadas por el amor.
Y el amor, en cualquiera de sus formas, no debería ser prohibido.
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