martes, 12 de julio de 2011

Crónica de urbana desde el suburbio. Una charla con Nedman Guerrero.

Un suburbio se considera como la parte periférica de la ciudad o del centro urbano. Son los barrios donde la gente se reparte el espacio para dormir y tener donde pasar el poco tiempo que sobra después de la rutina de trabajo o de la escuela. Las unidades habitacionales son frecuentes en el paisaje, igual que las pequeñas plazas comerciales que nada tienen que ver con los malls citadinos localizados en las zonas elite de la ciudad de México y que emulan a los laberínticos complejos comerciales norteamericanos.

Culhuacán es uno de estos suburbios. Hay edificios de multifamiliares y plazitas donde aun se puede ver el logotipo descarapelado y viejo de la extinta cadena de rentas Videocentro. Las calles son silenciosas y tranquilas, aunque igual percibo cierta tensión en el ambiente. Probablemente se debe a que la costumbre del tráfico y el ruido.
Es precisamente en este lugar donde quedé de ver a Vinicio, quien prefiere presentarse como Nedman, rapero, comerciante y asombroso cronista de lo que diario pasa en la vía pública. Sin lujos ni escándalos, Ned llega en un modesto chevy plateado y nos dirigimos hacia Zona, su local al interior de una de estas pequeñas plazas donde donde vende ropa, discos, patinetas y todo aquello que se necesita para hacer graffiti. Desde hace unos 2 años tiene la tienda y aunque la principio le costó algo de trabajo agarrar el negocio, ahora junto con los eventos donde participa, le reditúa lo suficiente para solventar sus propios gastos.

Gusto por el Rap
Ned conoció el Hip Hop durante sus años de secundaria mediante el graffiti. Siempre prefirió pintar paredes ilegalmente y recuerda en especial la adrenalina de meterse a pintar los vagones del metro, fue precisamente en esos años que eligió Ned como pseudónimo para firmar y así se le quedó, aunque ha tenido algunas variantes, pues en sus discos se presenta como Nedman al que agrega el “Guerrero” a manera de apellido.
Al rap lo conoció por parte de sus amigos, a quienes familiares que emigraron hacia EU traían cintas de raperos como Nas o el Wu Tang Clan a principios de de la década pasada. Tanto le gustaron el ritmo y la forma de estructurar las palabras de este h{ibrido musical con identidad propia, que decidió enfocarse a escribir sus propias rimas.

Nedman habla pausadamente, como buscando el término exacto para darse a entender evitando la paja en su discurso y el hablar por hablar. Sus canciones son más o menos así, pero al momento de rapear, lo hace fluidamente -sin ser melódico ni declamador- y sus palabras se acoplan perfecto a las percusiones.

Su rap no tiene muchas variantes en cuanto a tono vocal y es precisamente eso lo que da mucha fuerza a su estilo, pues no tiene que gritar o quejarse amargamente para lograr que la gente se identifique con lo que cuenta. Valiéndose de la obra de otro gran cronista defeño de mediados del siglo pasado, Chava Flores, Nedman ha construido también su propia versión del Sábado Distrito Federal: un lugar mosaico de seres tan desconcertantes como la tutora de cuatro niños que experimenta sexualmente por computadora con quien pueda o los harapientos que mirando tiendas esculpen la imagen misma de la ciudad; pero Nedman lo cuenta sin escándalos ni condenas, lo cuenta únicamente relatando lo que ve y vive.

Del rap en México, a Ned le gusta la capacidad que han tenido quienes lo practican para crear un movimiento organizado sin el apoyo o inversión de los empresarios del entretenimiento. Así es como el ha conocido a varios raperos y raperas que, como él, se encargan de sus propias producciones, el arte y el diseño de los discos, la publicidad, y la difusión en lugares y eventos, tanto propios como ajenos.
Ned tiene tres discos en su carrera (dos con temas propios y otro compilado de colaboraciones donde funge también como productor) e infinidad de colaboraciones en materiales de de amigos. Opina que este esquema es el que precisamente da la libertad para tratar temas libres en el rap y abandonar los viejos tópicos heredados de la escena comercial estadounidense y que hoy día sobre-explotan la superficialidad, el lujo económico y la violencia.

Consecuencia
Los renglones de Nedman se cuelan en el pensamiento con líneas como “he aprendido que en este país la gente se conforma//no existe norma, porque la autoridad no te respeta//no sé de quien cuidarme cuando voy por la banqueta//más bien no me confío ni de la policía, neta”.

En muchas de sus canciones, Ned cuestiona la legitimidad y autoridad de la policía. No le faltan motivos: hace unos años fue arrestado al salir de su casa, al llegar al Ministerio Público cinco personas (aparentemente en complicidad con los mismos agentes) lo acusaron de robo a mano armada, se le imputó la culpabilidad y consignó al reclusorio. Pasaron varias semanas para que pudiera salir libre.
“Pero fue estar dando y dando dinero, y a partir de ahí quedas marcado, queda un antecedente y la cosa no termina ahí” cuenta, “ya no puedes confiar en el sistema, ¿cómo te acercas a alguien que fue el mismo que un día te atacó únicamente por dinero?”. En un tiempo donde hasta en el cine se han evidenciado los métodos de las autoridades mexicanas para incriminar personas, el caso de Nedman no es para nada inverosímil.

Ned habla de la ciudad desde una posición inmejorable: el pavimento, los muros grises que durante un tiempo gritaron su nombre y desde un suburbio que también es consecuencia del monstruo capitalino que exige brazos y vidas para seguir funcionando; Ned grita desde un lugar donde la autoridad en vez de ser aliado, es enemigo, y donde la pintoresca idea de una ciudad moderna se diluyó rápido por la innegable realidad: la de los que deambulan con la prisa de llegar a ninguna parte.
Y por aquí anduvo, anda, este rapero que junto con otros, esta dispuesto a reseñar una realidad de la que también son consecuencia.


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