martes, 9 de agosto de 2011

Y hoy dice el vocero de seguridad, Alejandro Poiré, que legalizar las drogas no es opción.

Desde el título de su texto: el noveno mito de la lucha por la seguridad. “Solo se alcanzará la seguridad si se legalizan las drogas”: título engañoso porque nadie ha realizado tal sentencia y que pretender hacer ver limitados e ingenuos a aquellos que desde el principio han hablado por la legalización de ciertas drogas y por una consecuente regularización, siendo que lo único limitado aquí es la perspectiva y enfoque que el gobierno está dando a la seguridad nacional. Empezamos con verdades a medias y mentiras. Nada raro con los propagandistas del gobierno.
Y hoy dice el vocero de seguridad, Alejandro Poiré, que legalizar las drogas no es opción. O sea, hace unos pocos meses, el gobierno pedía y hasta reclamaba que la participación activa de la sociedad, proponiendo y sugiriendo opciones a la guerra al narco, que porque es también es nuestra responsabilidad. Casi en la misma tónica del ‘si no votas, cállate’. Muy bien, de acuerdo, va. Y se propuso. Se propuso, casi desde el inicio -y me parece que incluso durante la era pre-Calderón- que las acciones (ojo: acciones, que no combate, ni guerra, ni lucha) para contrarrestar al crimen organizado, deberían ser agrupadas en una estrategia integral. O sea: amplia, inclusiva, es decir, con un enfoque reflexivo y puntos de vista especializados. Sin embargo, hasta ahora, que yo sepa, los únicos que han hablado en contra de la legalización, han sido políticos y voceros de la iglesia católica (para variar), y al contrario, ningún médico o especialista en medicina y estudio de sustancias (pero uno de a de veras, no como los fakedoctors de infomercial) ha explicado el porqué sería inviable legalizar las drogas. Digo, hay reputaciones sólidas que de verdad importa cuidar y otras que a sus propietarios les dan lo mismo, ¿o no?
Entonces, una estrategia real no se basa en un solo enfoque como el que hasta ahora se ocupado: priorizando la agresividad y la violencia ‘institucionales’ (y dizque controladas) para combatir la agresividad y la violencia de los grupos criminales. Ya lo han dicho hasta la náusea y no deja de ser tan cierto como al principio: combate fuego con fuego y terminarás incendiando tu casa. No se trata de tomar un solo frente de acción (el cuál es, por cierto, el más falible y susceptible de corromperse porque está basado justo en lo contrario de la civilidad), sino de incluir y abarcar esfuerzos, porque el uso de sustancias psicoactivas (llámese alcohol, marihuana, cocaína, crack, tabaco, MDMA o la que se les ocurra) para empezar, es un fenómeno del orden de la salud y de la historia. Y bueno, las autoridades que hasta ahora han hablado porque se les combata, muy probablemente no tienen como principal motivación la conservación de la vida y de la salud de las personas, pues hasta las balas parecen ser menos peligrosas que un cigarro de marihuana… o que expliquen por qué las primeras sí son legales.
Abro un paréntesis para aclarar que no digo que se deba combatir a los narcotraficantes con flores (que es lo que los limitados piensan inmediatamente después de que alguien piensa que las armas no son la opción), pero se ha visto, se ha demostrado, hasta ahora (y 50 mil muertos después), que el uso de las armas, así, sin razón y ni control, está de la verga. Continúo.
Hay infinidad de especialistas y gente enormemente preparada, toneladas de libros, estudios, informes y cualquier cantidad de información que el gobierno pudo haber retomado para formar una estrategia inteligente y que son quienes ahorita mismo les están diciendo en su cara que deben reconsiderar la estrategia por simple racionalidad y sentido común. Nombres como: Edgardo Buscaglia, Denisse Dresser, Javier Sicilia, Lydia Cacho, Ricardo Rocha, Carmen Aristegui, Antonio Escohotado. Pero no, se decidió retomar la clásica mamada de película de acción de disparar primero y preguntar después (¿ya ven cómo no solo Hitler y el nazismo utilizaron al cine como vehículo de propaganda?). Digo esto porque desde mi punto de vista es la única referencia a la que el estado actual de las cosas nos conduce: la razón visceral de la adrenalina y los disparos que terminan con todo enemigo posible, por encima de la civilidad y el entendimiento.
Va otra aclaración: conceptos como civilidad y entendimiento, comprendidos como rasgos distintivos de la humanidad y que no son, nuevamente, sentarse a dialogar con los criminales y psicoanalizarlos para saber sus pedos. Eso no, o por lo menos no con aquellos que tienen el varo suficiente para contratar abogadillos que encuentren la argucia legal que les permita reducir los cargos y salir bajo fianza en pocos días. A lo que me refiero es al razonamiento y el pensar las cosas: “¿qué dimensiones y repercusiones va a tener tal cosa que planeamos?, ¿es de verdad la más viable?”.
Sí, yo sé lo que dirán: “no mames, es puro pinche negocio del gobierno”, “tú la estás cagando por ingenuo e inocente wey”, “de cuando acá el gobierno piensa o se preocupa por el pueblo, no digas mamadas”, y todos los demás argumentos pesimistas que ya me sé y que sirven pa dos cosas. Yo también sé lo jodido que está todo, he visto que el gobierno es una mamada, y sí, puede que sea un poco ingenuo pero es necesario hablar en sus términos, porque, recuerden que por su boca muere el pez. Pero yo no escribo esto para defender mi forma de pensar, sino porque en realidad me emputa lo que dice el vocero de seguridad Poiré y porque se están haciendo bien pendejos en nuestra cara. Dice en el texto del vocero: “La lucha por nuestra seguridad auténtica y duradera es más grande que una política de regulación de las drogas. Abarca más dimensiones”. ¿Checan como con retórica se van haciendo a un ladito, repitiendo lo que la gente con credibilidad ya había dicho antes pero con la intención de hacerlo pasar como una idea propia?, lo malo de piratearse ideas y repetirlas nomás por repetirlas es que a lo que éste tipo se refiere con que “Abarca más dimensiones”, parece ser solo una: las armas y el exterminio como única solución para que la gente se deje de drogar.
Lo verdaderamente ingenuo es pensar que la humanidad va a dejar la droga en algún momento.

 Acá el link al texto original de Poiré.


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