Veintisiete de agosto.
Las nueve de una mañana nublada. Acabo de bajar del primer camión
de la semana y camino por la banqueta; es un buen tramo hasta la
siguiente camioneta y mientras quiero quitarme la modorra de la
siesta en el primer camión. Traigo la mano izquierda entumida por
traer la mochila sobre ella. Pienso de todo: pendientes, la hora, el
tráfico, la escuela, amigos, familia, hueva, pinche mochila pesada,
ah que chinga caminar cuesta arriba, ellas, muela del juicio, el fin
de semana pasó muy rápido, ah pinche lunes. Todo en pocos metros.
Ya se me quitó el sueño, al menos por el momento, pero mi mano
sigue entumida y la agito para que despierte de una vez. Una, dos,
tres veces y entonces algo raro pasa: los dedos anular y meñique se mandan solos; se
ponen rígidos y luego se cierran, una dos y tres veces. Un
cosquilleo se extiende por la mano y brazo izquierdo.
Nuevo renglón: verga,
así empiezan los infartos ¿no? Aguanta, no te paniquees, agarra el
pedo... no, no te puede estar pasando, ¿como por qué? Nel, relax
vienes cansado nada más, no mames. El brazo se tuerce y se pega al
torso... ¿te han dado toques? Así, igualito. Este, esto ya está
muy mal pedo, ¿a quién le digo algo?, pues aunque sea a ese puesto
de dulces. Camino más rápido, pocos metros, la mano izquierda ya es
puño, el brazo flexionado y pegado al pecho, la mano derecha soba
inconscientemente a su contra.
Buenos días, oye, este
me estoy sintiend... ¿qué pasa? Me duele la mano, no puedo hablar,
mitad de mi cara se está derritiendo, puedo verla como si yo no
estuviera en mi cuerpo, puedo ver como se cae solo la mitad
izquierda, la pierna izquierda, el ojo, la boca, hasta los millones
de cabellos del lado izquierdo. Volteo a mi mano, intento abrirla, o
eso creo, los dedos se estiran y endurecen y entonces el anular se
voltea a este hasta tocar el nudillo con la uña, un ángulo que sé
imposible pero una sensación que no se puede describir de otra
manera. Es que me estoy sintiendo...ah. Todo no se pone blanco, ni
negro, ni gris. Todo en un momento es nada.
Luego, ahora sí, todo es blanco, oigo murmullos, veo la luz del sol, todo es muy brillante. Miro un par de
policías a mi alrededor y pienso por reflejo que ya valió verga, ya
que torcieron por algo. Pero no. Tranquilo, espérate, no te
levantes, cómo te llamas, a dónde ibas, dónde vives, qué día es
hoy, qué hiciste el fin de semana, qué desayunaste, sabes dónde
estás. Fernando García, al trabajo, no sé, no sé, no me acuerdo,
sí creo que sí, no. Despierto con el cassete en blanco (pregunta
¿cuánto tiempo de vigencia le quedará a esta expresión?) y para
colmo todo se ve borroso. A ver, ¿te puedes levantar? Sí, creo que
sí. Sí pude. Tome joven, sus lentes. Estado de los lentes: partidos
por la mitad.
¿Qué me pasó? Vuelvo a
preguntar. Veniste, te estabas sobando la mano, como que me quisiste
decir pero entonces te desmayaste y comenzaste a convulsionar, paré
a la patrulla y ya llamaron a la ambulancia, me contesta el del
puesto de dulces. Chale, no me acuerdo de nada ¿hace cuanto fue eso?
¿cómo pasó? ¿qué chingados hago aquí? ¿sí soy quien creo que
soy? A ver, memoria, qué pedo qué pasó … Qué pedo con esta
broma, ya estuvo. Chingao.
Llamadas telefónicas a
casa, trabajo y seguro. El teléfono sigue en mi bolsillo, vaya, qué
respetuosos. ¿Hola, sí, sucedió tal y tal cosa, a qué hospital me
pueden llevar? Ok, gracias ¿Hola, sí,? Para avisarles que yo creo
hoy no llego, paso tal y tal cosa. Sí, gracias yo les cuento que
onda. ¿Bueno? ¿mamá? Sí, pasó tal y tal cosa, estoy bien... no,
no sé... no... mejor te paso al policía. Todo se vuelve a ser
blanco.
Otro apagón, despierto
dentro de una ambulancia, mamá ya está conmigo e intenta calmarme
como para calmarse ella misma. Estoy muy cansado, muy adolorido de
todo el cuerpo; todos los miembros me pesan al triple. Ya, tranquilo
hijo, ahorita te van a llevar al hospital y todo va a estar bien,
cálmate. Me espanta más ver a mi madre preocupada, trato de sonreír
y sé que es una sonrisa boba, no sé bien qué pasa, tengo un poco
de náuseas por ir acostado en un vehículo en movimiento. Intento
acostarme pero me duele bien cabrón la cabeza, y cómo no si al
tocarme siento un chipote enorme en la parte de atrás de mi cabeza,
lado izquierdo, supongo que en el lugar justo en el que mi cráneo se
estrelló en el pavimento.
Me arde, me duele y yo sigo sin recordar
una mierda.
No m*mes, ya quiero leer la otra parte, mano. Pero como puedo leer en tus tags: se trata de algún parásito hijoeputa.
ResponderEliminarUn abrazo.