miércoles, 23 de octubre de 2013
El Sexo Dominante
Afuera, la música cañonea el pecho y la cabeza de los recién llegados. El escandoloso reggaeton remite a aquellas fiestas de la prepa, cuando este género musical era el rey indiscutible de la pachanga con Daddy Yankee y su Gasolina abriéndole paso. Esta música, no nos hagamos, marcó a toda una generación, gran parte de la cuál está aquí, transformados en todos unos oficinistas de saco y corbata, universitarios haciéndose los críticos, vigoréxicos exhibicionistas y algunos ya hasta padres de familia.
Entre los asistentes apenas se ve a una que otra parejita de novios y algunas pocas de casados. Ellos, agarrando fuertemente la mano de su acompañante, como para que no sospeche nunca de su amor sincero; ellas, con miradas de franco desdén y aburrimiento. “Vine por curiosidad”, contesta la mayoría de las chicas cuando se les pregunta su presencia.
Según las indicaciones del evento, no se permite ingresar con animales, alimentos, bebidas alcohólicas ni armas. Quien sabe por qué, pero tampoco se permiten los desodorantes, por lo quie un adolescente prefiere vaciarse el Axe encima antes de abandonar el envase en la entrada. Demasiada publicidad por televisión, tal vez.
Pasándose de listos
La primera vista: dos modelos en lencería ofrecen el programa del evento a veinte pesos. Casi nadie pela la oferta y varios desde ya empiezan a tirar las primeras fotos, eso sí, con bastante sigilo, buscando guardar las apariencias y con cierto aire de indiferencia ante las chicas, como sintiéndose por encima de los demás morbosos. Unos minutos más tarde y olvidados de toda pretensión, batallarán hombro con hombro contra esos otros morbosos para lograr atraer la atención de la Sarah Vandella, una de las pornstar invitadas, y hacer que ella volteé y dedique una mirada al Iphone, la Blackberry o la CyberShot.
La siguen si camina a la izquierda o a la derecha, si se sienta o si se agacha, si se acaricia o si sonríe, y todo, hasta la más pequeña mueca, la festejan.
Biología básica: el instinto del macho lo incita a hacerse notar. Se excita y grita, hace ruidos y pasea los ojos buscando con quien. Lo instintivo de esta su conducta hace que ninguno se dé cuenta de lo obvio que resultan sus pensamientos y se olvidan de quitarse los dientes de los ojos hasta con las chicas que asisten en calidad de curiosas al evento. “A veces sí incomoda que vayas caminando y también a tí te vayan viendo” dice Diana de 24 años, quien asiste en calidad de curiosa. “(A los hombres) no les basta con las que andan encueradas sino también con las vestidas, parece que no tiene llenadera” dice Esmeralda de 26, quien acompaña a Diana y su amiga Leidy.
Estar en el interior de alguna de las dos naves del evento, más allá de ser la clásica fantasía erótica cumplida (¡muchas mujeres, muy poca ropa!), se parece más a la cotidianidad de los vagones del metro en hora pico, con los hits de Wisin y Yandel tronándote los tímpanos y los clásicos machines que quieren pasarse de listos grabándole las nalgas a las mujeres; sólo que aquí el consentimiento para hacerlo está implícito y a nadie preocupan las miradas reprobatorias ni las recriminaciones o represalias, y pues, envalentonados por este acuerdo invisible, algunos se sienten con el poder de tomarse algunas libertades con respecto al cuerpo de alguna las chicas.
Y para muestra, una estampa: Madison Fox, una de las 30 actrices con las que puedes tomarte una foto gratis (según reza el sitio de internet de la expo), invita a subir al siguiente hombre de una larga fila que espera sus treinta segundos de gracia; él sube y sin decir agua va se abalanza sobre la actriz con la intención de besuquearle una teta. Ella lo detiene, con media sonrisa deja que tomen la foto y lo despide con un empujón de desprecio, lo que a fin de cuentas no parece importarle mucho al tipo: ya tiene su foto y casi casi alcanzó a lograr lo que bien podría ser su más deseado sueño guajiro. Segurito también es de los que luego dicen que las mujeres incitan a la violación por usar minifaldas.
Equidad y Justicia
Un aproximado de 120 mujeres contra apenas unos 50 hombres es la proporción que se ve entre las y los modelos que trabajan en este edición de la expo Sex & Enterteinment. Si lo pensamos en términos duros, son más o menos dos mujeres por cada hombre, lo que parece poco equitativo, dado que el nombre del evento no especifica que esté dirigido solo hacia los hombres heterosexuales. Si el sexo es una cuestión universal que todos practican, pues lo lógico es que se intente abarcar todas las tendencias y gustos, sin que el monopolio quede a modo de lo masculino.
Sin embargo, Diana y sus amigas afirman que, de alguna manera, esto sí resulta justo, pues los hombres son mucho más mirones.
“A las mujeres sí nos llama la atención un stripper, pero no tanto como los hombres. Nosotras vamos por otras cosas”, explica con un dejo de desdén.
O sea, las mujeres no pierden el control si ven a alguien del sexo opuesto con poca ropa. Tampoco atiborran sus celulares con fotos de las nalgas de quienes ven por la calle. Ni mucho menos se atreven a tocarle el culo con cinismo a los hombres en el metro.
Más bien, para que atraer y mantener a cincuenta tipos babeando y gruñendo como simios por ellas, les basta con una mirada o un movimiento de cadera.
Y luego los hombres creemos dominar el mundo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario