Es raro, justo a principios de 2012,
cuando el Vive Latino, escribía sobre mi experiencia del concierto y
“las vueltas que da la vida”: un día estás haciendo una cosa y
al minuto, día, semana o año siguiente, ya estás haciendo otra
totalmente distinta o, sencillamente, cualquier actividad que ni te
imaginas. Al pensar en esto, lo hacía desde cierta ingenuidad y
razonamiento entusiasta; tenía razón, pero no la tenía, pues esta
conclusión la saqué comparando cosas tan frívolas como eso, un
Vive Latino. Con el entusiasmo de la primer cobertura, jamás pensé
que cinco meses después sucedería algo que cambió – ahora sí
con una carga en serio importante – toda mi vida.
El suceso ya lo narré y lo pueden
leer acá, y bueno, este 27 de agosto de 2013 justamente se cumplió un año
de que pasó. Se cumplió el primer aniversario de mi primer visita a
un hospital como paciente, comiendo alimentos simplones, escuchando
quejidos, percibiendo olores que prefieres no indagar en su origen,
bebiendo agua simple, rogando porque no te ande del baño, contando
mosaicos, analizando el techo y lo peor es sin poder ver bien en
donde estás, esperando los quince minutos en que podrá pasarte a
ver alguno de tus familiares para charlar con alguien. Durmiendo y
pensando y haciendo lo mismo a cada rato. Este día se cumplió un
año de que, junto con el problema de la neurocisticercosis,
detectaran un aneurisma en mi arteria carótida y me recomendaran la
intervención quirúrgica. Se cumple un año de que, en una mañana,
mi vida cambió totalmente: mi forma de vivirla, los miedos, tabúes,
amores, ansias, deseos y todo tomara un sentido nuevo, que se
reafirmaran rasgos personales y se borraran muchas pretensiones de mi
forma de ser; que apenas un fin de semana antes asistiera a dos
conciertos y una fiesta sin siquiera pensar que en cualquier momento
bailar o beber demasiado podrían haberme desmadrado mortalmente*. Se
cumple un año de pensar en esa cirugía, en esa posibilidad de
morir, de perder funciones psicomotrices y depender de alguien más
para movimientos simples. Se cumple un año que el concepto de Miedo
dejó de ser algo abstracto o ideal para convertirse en algo real y
tangible.
Pero a la vez, se cumplió un año de
que, este miedo, aparentemente abrumador y gigantesco, ahora fuera
posible enfrentar con toda la decisión, voluntad y huevos que solo
Dios podía darme. Y, acá estoy, definitivamente y siempre, gracias
a Dios.
*Abro un paréntesis para
explicar que no exagero al usar la palabra 'mortal', yo también
recién me familiarizo con la expresión y es una de las cosas que
aprendí a no tomar a la ligera.
Afortunadamente, todo ha salido bien. Sigues acá, ofreciendo tus letras y tus dibujos, a los que quiero tanto. Te quiero muchísimo, pelón; ya tú sabes.
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