Yo también acostumbro engañarme. Me
engaño cuando confío en que más al rato tendré la voluntad
suficiente para hacer lo que me falta hacer; me engaño también
cuando digo que dejaré el cigarro después de esta cajetilla y me
engaño más cuando le doy el beneficio de la duda a algunas personas
(casi siempre mujeres) que no lo merecen.
Pero engañarse también puede ser
entretenido. Yo lo hago de la siguiente manera: tomo un libro,
generalmente de relatos breves e inconexos (recomiendo especialmente
los cuentos de Isaac Asimov, Crónicas Marcianas de Ray Bradbury o el
Libro de los Abrazos de Eduardo Galeano), calculo la mitad del libro,
lo comienzo a leer a partir de ese punto y continuo como si nada.
Algunos días después, cuando llego al final del libro, recuerdo que
todavía me falta la mitad y sonrío.
No hay pierde: si me gustó lo que ya
he leído, entonces me gustará el resto, pero si no me gustó mucho,
no sé por qué, pero se incuba en mi la esperanza de que leyendo el
principio, mejorará. Entonces lo empiezo a leer desde el principio,
con eso ya sumo dos comienzos (dos es mejor que uno las más de las
veces, ¿no?) y como no tengo la certeza de a partir de cuál punto
partí para el primero de los inicios, cada relato podría ser el
último antes de finalizar totalmente el libro, pero eso yo no lo sé.
Y así es como yo acostumbro
engañarme.
-en cuestión de libros, últimamente empiezo siempre en reversa, partiendo del final cuando no de forma obstinadamente arbitraria, creo que lo aprendí a propósito de Rayuela y Cortázar, el des-orden camina en conjunto, de los párpados hacia adentro y de la cintura para abajo no hay definición absoluta, una verdad es igual mentira que silencio, todo camino puede ser ida y vuelta igual que desconocidas veredas, cualquier libertad puede encadenar tanto como cualquier esclavitud puede ser abolida, -¿así me engaño o así creo?-, Kurt Vonnegut a través de Rodrigo Fresán dice: "Cada conjunto de símbolo es un tan breve como urgente mensaje que describe una determinada situación o escena.(...)No exieste ninguna relación en particular entre los mensajes excepto que el autor los ha escogido cuidadosamente; así que, al ser vistos simultáneamente, producen una imagen de la vida hermosa y sorprendente y profunda. No hay principio, ni centro, ni final, ni suspenso, ni moraleja, ni causa, ni efectos. Lo que amamos de nuestros libros es la profundidad de tantos momentos maravillosos contemplados al mismo tiempo."
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