miércoles, 4 de abril de 2012

Dígale que, si quiere y me da chance, mis manos tienen ganas de decirle unas cuantas cosas.

 
Dígale mi compa, que sueño con ella. Que diario quiero juntar fuerzas para hablarle de cerquita pero que no puedo. Se lo juro que no puedo. Sí, sí, es como aquellas veces: a uno le falta el aire, se le aceleran los latidos, le sudan las manos, y se le seca la boca. Lo que es más, ahorita ya se me secó otra vez. Y usted sabe lo feo que es querer hablar con la boca seca. Una vez lo intenté y no me salió la voz. Tan no me salió que ella pasó sin más ni más y ni siquiera una mirada. Y siendo honestos, eso de no poder verle los ojos, de que no sepa que, pues, existo, pues la verdad que me hace sentir bien mal.

¿Qué pasa? Pasa que no me controlo, chingado, pues qué quiere. Y es que cuando la veo, el cuerpo se me paraliza. Epa, no empiece con guarradas mi compa que acá estamos serios. Y hablando en serio, si la ve dígale eso, que hablé con usted y que le pedí de favor que se lo dijera, pero que no se fuera a enojar por que, pues uno que le va a hacer si es tímido.

Dígale que con ella la inspiración no es lujo y que las uñas y crayolas sirven para irle dejando corazones y palomas regados por la ciudad.
Porque (dígaselo así, como en reproche) hace que me confunda tanto que me dan ganas fotografiarle el fuego para que lo conserve cuando haga frío. Aunque ya se haya inventado los encendedores. Que me vuelvo zombie porque escucharla hablar me dan ganas de morderle el pensamiento y es que sus palabras huelen muy bien.

Dígale que, si quiere y me da chance, mis manos tienen ganas de decirle unas cuantas cosas.

Dígale eso, pero así, bien preocupado, como con gravedad. Como diciendo sin decirlo que usted no no me había visto así jamás. No ha de ser tan difícil, mi compa.

Dígale que pensé que iba a aguantar verla diario, pero que no resistí. Que ahora lo que menos sé es si me explico, pero que eso qué chingados importa. Chale, en serio que no me entiendo compa y que lo único que se me ocurre es esto, decirle a usted que se lo diga. Y que la neta, pues que no me interesa entender. Que ese es el problema, que entender no es una opción y que ya me lo habían dicho, pero que yo no lo creía.

O sabe qué, mejor ya no le diga nada. Deje voy yo.

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