A continuación, el primero de no sé cuantos post sobre como fue todo el proceso de mis neurocirugías realizadas hace ya casi dos meses. Espero recordar todo y ser claro. Chido a los que leen.
Comenzó un viernes, sacando cuentas, el 17 de mayo de 2013. Mi madre me llama al trabajo y me da la noticia de que en cinco días me internarán en el hospital para la neurocirugía que tengo pendiente. Donadores de sangre casi listos, las prevenciones tomadas llegarán a su fin, la desconfianza de dolores de cabeza se terminan: es el tiempo de la operación.
Comenzó un viernes, sacando cuentas, el 17 de mayo de 2013. Mi madre me llama al trabajo y me da la noticia de que en cinco días me internarán en el hospital para la neurocirugía que tengo pendiente. Donadores de sangre casi listos, las prevenciones tomadas llegarán a su fin, la desconfianza de dolores de cabeza se terminan: es el tiempo de la operación.
¿Estoy listo? Supongo. Era algo que ya
sabía y aunque me toma de sorpresa por todo lo que significa de
momento, no me mueve el tapete de lo que decidí hace ya siete meses:
que esto va a suceder y, aunque no lo decido yo, sucederá lo mejor.
El fin de semana lo paso tranquilo,
dejo mis asuntos en orden, disfruto con mi novia Maryfer, veo a la
familia. Todo ordenado. Llega el lunes y en el trabajo todos me
desean suerte y lo mejor. Yo estoy calmado, siempre lo estuve, esa es
la verdad; ni siquiera la noche anterior tuve problemas de sueño y
todo va bien. Bienvenido.
Martes 21 de mayo
Por la mañana, mi madre, Mafer y yo
vamos al hospital a checar mi ingreso, donde me dicen que vuelva a
las dos de la tarde para internarme. Como todavía es de mañana nos
vamos a una clínica del ISSSTE donde está internada mi abuela por
otra cirugía. Mafer y yo esperamos mientras mi mamá entra a verla,
pues solo puede entrar un visitante. Definitivamente prefiero estar
con ella todo el tiempo posible antes de entrar al hospital. No puedo
pensar en un mejor manera de estar que junto a esa sonrisa que
tranquilizadora mientras aprendemos a hacer barquitos de papel.
Nunca, en ningún momento hablé de despedidas no porque me den
miedo, sino porque no sentí que tuviera que hacerlo. Al rato sale mi
mamá y como todavía tenemos tiempo, vamos a comer. Al terminar nos
dirigimos al hospital para internarme y entonces a ella le digo hasta
luego.
La operación todavía no está
programada, pero debían internarme desde ya. Duermo mi primera
noche en hospital. Es en este momento sí me pega mucho la soledad y
gracias a Dios no me quedo solo, porque imaginar pasar mi primera
noche sin alguien que me acompañe, es horrible.
Miércoles 22 de mayo
Al otro día despierto y en lo que
reconozco el paisaje, me doy cuenta que ya, es tiempo y que no hay
chance de salir (no lo deseo, pero siempre que algo está prohibido,
pues, es difícil resistirse). Día de estudios, algo apresurados
porque no estoy programado, pero me hacen una panangiografía: un
catéter se mete a la vena carótida, la que me van a operar, para
ingresar medio de contraste y ver mejor mi cerebro.
Es un procedimiento doloroso, por si se
lo preguntan: no es muy cómodo estar entre enfermeras y técnicos,
con tus genitales al aire mientras te rasuran la ingle, te inyectan
el catéter y luego te meten el medio de contraste que, a ratos,
duele de su puta madre. Termina el estudio y me prohíben mover la
pierna seis horas. Regreso a mi cuarto y seguimos sin fecha para la
operación; eso me desespera porque no quiero pasar más tiempo aquí
del necesario.
Pasan las horas y por la tarde un
médico residente entra para ponerme un catéter en el pecho, proceso
durante el cual, me explica el médico, uno de mis pulmones podría
haber colapsado; me señala que no me preocupe, ya que las
probabilidades son bajas, pero, estando ahí, toda probabilidad
parece del 99.9%. El estudio anterior fue apenas un pellizco
comparado con lo que me dolió el catéter. Lento y doloroso, entra
casi a la altura de la clavícula y poco a poco siento como se abre
paso en el interior del cuerpo. Así, ahora estoy inmóvil de tres
extremidades, solo me funciona la pierna izquierda (la mano izquierda
me la habían canalizado) y solo puedo permanecer acostado.
No me dan ganas de nada, solo quiero
dormir para que todo pase rápido. A la noche, según recuerdo, me
avisan que la operación será al otro día, a las 6 am, me bajarán
a quirófano.
Mierda, estoy listo.
Prometo a estos post sí darles continuidad. El próximo sábado esperen la siguiente parte (ahí ya van las operaciones, ja).
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