jueves, 11 de julio de 2013

Principio

A continuación, el primero de no sé cuantos post sobre como fue todo el proceso de mis neurocirugías realizadas hace ya casi dos meses. Espero recordar todo y ser claro. Chido a los que leen.

Comenzó un viernes, sacando cuentas, el 17 de mayo de 2013. Mi madre me llama al trabajo y me da la noticia de que en cinco días me internarán en el hospital para la neurocirugía que tengo pendiente. Donadores de sangre casi listos, las prevenciones tomadas llegarán a su fin, la desconfianza de dolores de cabeza se terminan: es el tiempo de la operación.
¿Estoy listo? Supongo. Era algo que ya sabía y aunque me toma de sorpresa por todo lo que significa de momento, no me mueve el tapete de lo que decidí hace ya siete meses: que esto va a suceder y, aunque no lo decido yo, sucederá lo mejor.
El fin de semana lo paso tranquilo, dejo mis asuntos en orden, disfruto con mi novia Maryfer, veo a la familia. Todo ordenado. Llega el lunes y en el trabajo todos me desean suerte y lo mejor. Yo estoy calmado, siempre lo estuve, esa es la verdad; ni siquiera la noche anterior tuve problemas de sueño y todo va bien. Bienvenido.

Martes 21 de mayo
Por la mañana, mi madre, Mafer y yo vamos al hospital a checar mi ingreso, donde me dicen que vuelva a las dos de la tarde para internarme. Como todavía es de mañana nos vamos a una clínica del ISSSTE donde está internada mi abuela por otra cirugía. Mafer y yo esperamos mientras mi mamá entra a verla, pues solo puede entrar un visitante. Definitivamente prefiero estar con ella todo el tiempo posible antes de entrar al hospital. No puedo pensar en un mejor manera de estar que junto a esa sonrisa que tranquilizadora mientras aprendemos a hacer barquitos de papel. Nunca, en ningún momento hablé de despedidas no porque me den miedo, sino porque no sentí que tuviera que hacerlo. Al rato sale mi mamá y como todavía tenemos tiempo, vamos a comer. Al terminar nos dirigimos al hospital para internarme y entonces a ella le digo hasta luego.
La operación todavía no está programada, pero debían internarme desde ya. Duermo mi primera noche en hospital. Es en este momento sí me pega mucho la soledad y gracias a Dios no me quedo solo, porque imaginar pasar mi primera noche sin alguien que me acompañe, es horrible.

Miércoles 22 de mayo
Al otro día despierto y en lo que reconozco el paisaje, me doy cuenta que ya, es tiempo y que no hay chance de salir (no lo deseo, pero siempre que algo está prohibido, pues, es difícil resistirse). Día de estudios, algo apresurados porque no estoy programado, pero me hacen una panangiografía: un catéter se mete a la vena carótida, la que me van a operar, para ingresar medio de contraste y ver mejor mi cerebro.
Es un procedimiento doloroso, por si se lo preguntan: no es muy cómodo estar entre enfermeras y técnicos, con tus genitales al aire mientras te rasuran la ingle, te inyectan el catéter y luego te meten el medio de contraste que, a ratos, duele de su puta madre. Termina el estudio y me prohíben mover la pierna seis horas. Regreso a mi cuarto y seguimos sin fecha para la operación; eso me desespera porque no quiero pasar más tiempo aquí del necesario.
Pasan las horas y por la tarde un médico residente entra para ponerme un catéter en el pecho, proceso durante el cual, me explica el médico, uno de mis pulmones podría haber colapsado; me señala que no me preocupe, ya que las probabilidades son bajas, pero, estando ahí, toda probabilidad parece del 99.9%. El estudio anterior fue apenas un pellizco comparado con lo que me dolió el catéter. Lento y doloroso, entra casi a la altura de la clavícula y poco a poco siento como se abre paso en el interior del cuerpo. Así, ahora estoy inmóvil de tres extremidades, solo me funciona la pierna izquierda (la mano izquierda me la habían canalizado) y solo puedo permanecer acostado.
No me dan ganas de nada, solo quiero dormir para que todo pase rápido. A la noche, según recuerdo, me avisan que la operación será al otro día, a las 6 am, me bajarán a quirófano.
Mierda, estoy listo.

Prometo a estos post sí darles continuidad. El próximo sábado esperen la siguiente parte (ahí ya van las operaciones, ja).

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