miércoles, 29 de junio de 2011

Así escribo, pero la neta no esperes demasiado.

Escribo motivado por dos razones que muy rara vez se sincronizan: deber escribir y querer escribir.
          Cuando es por deber, trato de hacerlo práctico: enciendo la computadora, me acomodo en la silla, abro un documento nuevo y tecleo hasta terminar. Llámese nota, artículo, reportaje, ensayo, crítica, o lo que sea que deba escribir, invariablemente aparecen los supr. desesperados, el F7 de la revisión gramátical y ortográfica, los Alt+tab para navegar entre aplicaciones, las ventanas de firefox con varias pestañas de información buscada por supuesto en google, aunque eso sí, nunca los Ctrl+C y mucho menos los Ctrl+V para clonar información.
       Con una taza que en algún momento tuvo café, las cortinas cerradas y mirando constantemente el reloj. En casa, parque, oficina, café internet, área verde o domicilios ajenos cuando la salud de la computadora fallan.
        El deber escribir nunca lo acompaño con música -me distraigo mucho buscando canciones-, mucho menos con el radio o el televisor encendidos, sin compañia y casi siempre a altas horas de la madrugada, como ahorita que son las 1:43 am. Antes me molestaba escribir tan tarde, pero luego descubrí que tiene la ventaja de ser una hora de poca interacción social, o sea: casi no hay gente ni en Facebook o messenger; además, mi cuerpo ya se acostumbró y ya casi no se queja de que me duerma tarde y me levante temprano. O quien sabe, igual me las está guardando.


Cosa muy distinta cuando quiero escribir. Acá existe la ventaja de que cualquier soporte, herramienta y lugar, sirve. Una pluma Bic negra y un modesto cuaderno forma francesa suelen ser suficientes hasta cuando voy en el pesero y tengo ganas de escribir, aunque esto que supongo como una ventaja, vendría a ser más bien una necesidad ante lo escurridiza que a veces resulta la inspiración.
En este caso la música es, sino imprescindible, sí muy importante: puedo escuchar el trip hop de Portishead o Tricky, la salsa de Maelo Ruiz, el dub de Augustus Pablo y hasta las baladas suicidas de Los Ángeles Negros.
Siempre con un vaso de agua de sabor que constantemente vacío y relleno, aprovechando estos intervalos para ordenar las ideas, nunca con alimentos cerca, muchas veces fumando aunque los cigarros mueran casi intactos o con apenas dos o tres fumadas.
Tengo que admitir que escribo mucho menos cuando me motiva el querer que cuando me obliga el deber y que también, al final del día y muy a mi pesar, los resultados del deber me parecen infinitamente más satisfactorios.

A

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